La increíble historia del perro chubutense que emocionó a Ricardo Darín en El Eternauta – Puelo
Lago Puelo, ahí fue rescatado Puelo…
Una historia tan emotiva como cinematográfica. Así podría describirse el camino de Puelo, un perro mestizo nacido en la Patagonia argentina, que pasó de ser un cachorro abandonado en la ruta a convertirse en estrella de una de las producciones más esperadas de los últimos años: El Eternauta. Sin entrenamiento, sin casting y con una historia de vida que tocó corazones, Puelo conquistó al director Bruno Stagnaro y, sobre todo, a Ricardo Darín.

Todo comenzó en enero de 2016, cuando el cura Martín Calcarami, durante una visita con boy scouts a Lago Puelo, Chubut, encontró a tres cachorros abandonados en un campo. Conmovido, decidió llevarse uno. Así nació Puelo, bautizado en honor al lugar donde fue hallado, y que desde entonces lo acompañó como fiel compañero hasta Buenos Aires.
El perro creció entre los pasillos de la parroquia San Pedro González Telmo, donde se convirtió en un personaje del barrio. Lo conocía todo San Telmo: vecinos, fieles, y hasta turistas. Era el perro de la parroquia, el que marcaba el comienzo de la misa con su salida solemne hacia los brazos de Emilio Chumpitaz, el sacristán y eventual dueño.
Pero la vida dio otro giro inesperado. A mediados de 2023, mientras se preparaba el rodaje de El Eternauta, la producción enfrentaba un contratiempo: el perro actor elegido para una de las primeras escenas no lograba adaptarse al entorno religioso del set. Fue entonces cuando surgió el nombre de Puelo.
Sin adiestramiento ni pruebas previas, Puelo fue llevado al set. Caminó entre las imágenes sagradas con la melancolía exacta que pedía la escena. El director quedó impactado. “Acaba de nacer una estrella”, escribió el productor Emmanuel Slit Murillo, tras verlo actuar por primera vez.
Desde entonces, Puelo se robó la atención de todos en el rodaje. Pero hubo una conexión que trascendió lo profesional: la que estableció con Ricardo Darín. El vínculo entre ambos fue inmediato y conmovedor. El perro lo seguía a todos lados, arañaba la puerta de su camarín, y pasaban horas juntos. Cuando volvían a grabar, Puelo iba adelante, Darín lo seguía. Como si el guion hubiera sido escrito para ellos dos.
Tras los meses de rodaje, Puelo volvió a su rutina en San Telmo, con alguna que otra costumbre de estrella: ya no bebe agua de cualquier recipiente, ahora solo de botella, y su comida debe llevar un toque de carne encima para que la acepte.
Con nueve años, sigue recorriendo Parque Lezama con su andar tranquilo y su oreja izquierda caída. Y aunque volvió a su vida habitual junto a Emilio, el mundo del espectáculo no se olvida de él. La producción de El Eternauta planea incluirlo en la segunda temporada. Porque, como dijo uno de los técnicos del equipo: no se trata de un perro que actúa, sino de una historia viva que camina sobre cuatro patas.
